Mindfulness, emociones y niños

Mindfulness, emociones y niños

 

En muchas ocasiones la motivación que nos lleva a querer que los niños aprendan mindfulness es que aprendan a gestionar mejor sus emociones.

 En este artículo quiero exponer desde mi experiencia, el proceso que implica este logro, especialmente para que los adultos puedan saber que no es algo que se logra en unas pocas sesiones, sino que es un proceso.

 

Cuando enseñamos minfdulness a los niños, comenzamos realizando juegos que requieren la atención del niño y la mantienen por un tiempo de manera que refuerzan su capacidad de dirigir la atención conscientemente, a su vez se van familiarizando con la sensación de la respiración en su cuerpo y con el resto de sensaciones corporales (escaneo corporal) … De esta manera el niño va adquiriendo mayor capacidad de sentir las emociones en su cuerpo. Si además ha realizado prácticas de amabilidad, tiene más facilidad para poder permanecer atento cuando experimenta emociones difíciles como pueden ser la inquietud, el enfado o el miedo, en lugar de dejarse llevar por esas emociones perdiendo el control de sus actos o en lugar de suprimirlas.

nina-con-miedoLa gestión de la emociones difíciles basada en la plena consciencia o mindfulness es un proceso que se va construyendo poco a poco. Nosotros como adultos tratando de vivir con plena consciencia, estamos viviendo también este proceso, cada uno en su lugar, y continuamente aparecen nuevos desafíos en nuestras vidas que nos dan la posibilidad de experimentar nuevamente cómo permanecer atentos al momento presente cuando éste se despliega de una manera que es dolorosa o difícil de experimentar. De la misma manera los niños van a aprender poco a poco y cualquier oportunidad es buena para que sigan aprendiendo el mecanismo.

 

Cuando esta práctica es nuestra forma de vivir es mucho más fácil acompañar al niño, porque las emociones difíciles se presentan en cualquier momento, no durante una clase de mindfulness, y es en esos momentos en los que vamos a poner a prueba nuestra propia práctica y comprensión de la gestión emocional basada en mindfulness para guiar al niño. Aparte de que se trata de permanecer consciente a lo que está ocurriendo en el momento presente, no hay directrices concretas que funcionen en todos los casos. Cada caso es diferente. Nuestra mejor herramienta es estar nosotros presentes y conscientes para poder “leer” lo que el niño necesita y guiarle. También permanecer conscientes a los resultados de nuestras decisiones para aprender de lo que ha funcionado para que el niño se haya podido regular desde la plena consciencia y lo que no nos ha funcionado y preferimos descartar.

 

tristePero la atención plena a las emociones no se emplea solo cuando las emociones son difíciles de experimentar. También es necesario acompañar al niño a darse cuenta de las emociones agradables que experimenta a lo largo del día. Nuestros cerebros, en su misión de protegernos del peligro o las amenazas, no están programados para fijas las emociones agradables como la satisfacción o la gratitud, tanto como las emociones como la ira o el miedo, y de ahí la importancia de traer consciencia a esos momentos en los que nos sentimos bien y con nuestras necesidades satisfechas, creando nuevos patrones que giran nuestra percepción hacia lo que si tenemos en lugar de a lo que nos falta. Como dice Jon Kabat Zinn, creador del Programa de Reducción del Estrés basado en Mindfulness, “Siempre y cuando estés respirando, hay más cosas que van bien en ti qué cosas que van mal, sean cuales sean las dificultades a las que te estás enfrentando”.

 

Otro punto importante en la gestión emocional es darnos cuenta que cuando experimentamos emociones agradables sentimos apego y cuando experimentamos emociones difíciles sentimos aversión. Estos dos mecanismos, apego y aversión, hacen que difícilmente nos sintamos plenos, porque siempre hay algo en el momento presente que necesita ser modificado: expulsar lo desagradable o aferrarse a lo agradable. Los niños pueden comprender esto desde pequeños y entender que en la vida ocurren cosas constantemente que están fuera de nuestro control. Si basamos nuestra felicidad en que todo sea como nosotros queramos, tenemos todas las de perder. Esta comprensión es un apoyo enorme para la gestión emocional de cualquier tipo.

 

Quiero resaltar también la importancia crucial de las prácticas de amabilidad a la hora de crear un terreno en el que luego será más sencillo gestionar nuestras emociones. En mi experiencia, las distintas técnicas de mindfulness son como un puzzle en el que todas las fichas están conectadas (respiración, escaneo corporal, atención a los pensamientos…) Y en el caso de la gestión emocional basada en mindfulness, las prácticas de amabilidad son muy importantes. No solo porque nos ayudan a abrirnos a la experiencia presente de una emoción difícil sino porque la práctica continuada de amabilidad hacia uno mismo y hacia los demás influye en la generación o no de emociones difíciles como el enfado, la envidia, los celos…Las prácticas de amabilidad hacia nosotros mismos hacen que tengamos una mejor autoestima y esto genera menos de estas emociones o que sean menos intensas. Igualmente las práctica de amabilidad hacia los demás nos entrenan a que nos importe genuinamente la felicidad de los demás y esto igualmente crea una tendencia hacia la comprensión y la compasión que disminuye el surgimiento de emociones difíciles.

 

Por último añadir que uno de los impactos que tiene la práctica del mindfulness en nuestras vidas es que al permitirnos parar y observar las cosas tal como son, sin juzgarlas, tenemos la oportunidad de comprender más cómo funcionan. Cuando observas cómo funciona la vida, comprendes leyes que subyacen a ella, como la impermanencia (todo cambia, nada se mantiene igual), la interdependencia (todo está conectado), la ley de causa y efecto (todas las acciones tienes consecuencias) o el hecho de cada uno percibe una realidad diferente, entre otras. Todo esto son comprensiones que ayudan nuevamente a la gestión emocional. Porque cuando has reflexionado y observado por ejemplo acerca de que todo lo que empieza se termina en algún momento, cuando alguien muere o cuando algo que te gusta se acaba, esa comprensión es un regulador emocional en sí mismo. La emoción de tristeza aparecerá y es perfecto que así sea, pero quizás otra gran cantidad de peso que añadimos a esa tristeza natural y compasiva disminuye y el proceso es más sencillo de vivir.

 

Sería una revolución que los niños pudieran estar en contacto con estas leyes de la vida desde pequeños, lo cual les evitaría mucho sufrimiento a ellos y a la sociedad que ellos construyan.

 

Cuando acudimos a mindfulness con el anhelo de aportar una herramienta de gestión emocional a los niños, es importante tener en cuenta, que a diferencia de cómo funciona la sociedad en los tiempos actuales, esto no es algo que se logra inmediatamente y sin esfuerzo.

 

 

 

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