La ansiedad en los niños es más común de lo que pensamos. No siempre se manifiesta con llanto o berrinches; muchas veces es silenciosa, y los adultos no la detectamos hasta que el malestar se vuelve intenso.
Señales a las que prestar atención:
- Quejas frecuentes de dolor de tripa, cabeza o malestar general sin causa médica aparente.
- Dificultad para dormir, despertarse varias veces o mostrar miedo al quedarse solo.
- Preocupación constante por cosas pequeñas: un examen, una excursión, problemas con amigos.
- Nerviosismo, inquietud o tensión que parece no tener fin.
- Cambios en el comportamiento: retraimiento, irritabilidad, enfado fácil.
Si notas algunas de estas señales, es importante no minimizar lo que siente tu hijo. Para él, esos miedos y preocupaciones son reales. Incluso si no lo expresa con palabras, su cuerpo lo está mostrando: tripa apretada, respiración rápida, tensión muscular.

Qué hacer como adulto:
- Observar con calma y presencia, sin juzgar ni presionar. Si ahora mismo lees esto y no te ves capaz, por favor contacta con nosotras para que podamos ayudarte.
- Nombrar la emoción: “Veo que estás nervioso, esto es ansiedad y está bien sentirlo”.
- Brindar seguridad: acompañarle, ofrecer tu ayuda y mostrar que no está solo.
- Evitar soluciones rápidas que bloqueen la emoción, como tabletas o pantallas, porque enseñan a evadir en lugar de gestionar lo que sienten.
La ansiedad no desaparece ignorándola; enseñar a un niño a reconocerla y atravesarla de forma acompañada es un regalo que le durará toda la vida.
Cómo ayudar a los niños a gestionar la ansiedad desde su propio cuerpo
Una vez que reconocemos la ansiedad en los niños, el siguiente paso es enseñarles a entender lo que sienten y a calmar su cuerpo. No se trata de “relajarlos” o hacer que cierren los ojos durante diez minutos, sino de darles herramientas para que sepan qué está pasando dentro de ellos y cómo responder a ello.
Nuestro cuerpo es un gran aliado: la ansiedad se manifiesta físicamente —tripita apretada, respiración acelerada, tensión en los hombros— y, si el niño aprende a escucharlo, puede aprender a tranquilizarse y recuperar el control.

Algunas estrategias clave que los adultos podemos aplicar:
- Nombrar lo que sienten: como ya hemos mencionado, poner palabras a la emoción ayuda a que el niño deje de sentirse “raro” o confundido. “Veo que estás nervioso, esto que sientes es ansiedad y está bien”.
- Atención al cuerpo: ejercicios sencillos como notar nuestra mano cálida y con presencia en su cuerpo, donde siente esa tensión especialmente.
- Presencia del adulto: nuestra calma importa. Los niños están conectados con nuestro sistema nervioso; si estamos tranquilos, les transmitimos seguridad y regulación. La voz suave, el tacto cuidadoso y nuestra atención plena son herramientas poderosísimas para ayudarles.
Si en este momento no te sientes preparada para acompañar así, no estás sola, Vivimos en una sociedad en la que los adultos somos los primeros que tenemos estrés y ansiedad, por eso queremos ofrecerte nuestra ayuda, para que tu aprendas y puedas así ayudar a tus hijos.
La idea no es que el niño aprenda a “controlar” la ansiedad solo, sino que tenga acompañamiento mientras su cuerpo aprende a regularse. Así, poco a poco, va construyendo un repertorio de estrategias internas que le permitirán enfrentar situaciones que antes le desbordaban.

En pocas palabras: enseñar a un niño a escuchar su cuerpo y a reconocer sus emociones es como darle un kit de herramientas para toda la vida. Lo que hoy le ayuda a calmarse, mañana le servirá para enfrentar exámenes, cambios, amistades complicadas o cualquier situación que genere estrés.
Si quieres aprender a acompañar a los niños en la gestión de la ansiedad de manera práctica y efectiva, te invitamos a participar en nuestro ciclo de talleres, donde exploraremos técnicas para educar el sistema nervioso de los niños y de los adultos. Más información e inscripciones en: https://www.cocotips.es/formacion-mindfulness-infancia/